Ximena Mandiola

Mi trabajo se inserta dentro de la tradición pictórica chilena, y desde ese lugar la pintura es entendida como un oficio manual con su propio espacio y tiempo del hacer, donde la obra se va construyendo a partir de la experiencia diaria que voy registrando a través de la búsqueda y asignación de códigos numéricos. El número como registro común en la memoria de todos, familiar pero al mismo tiempo ajeno a toda interpretación por el hecho de ser aislado individualmente como signo. Me apropio de ellos y los transformo en códigos que registran la existencia más intangible, aquella asociada a las emociones y relaciones que le dan el verdadero sentido a nuestra vida.

Esta reflexión encuentra gran parte de su fuerza en la repetición incesante, donde adquiere el dinamismo y la vitalidad que le concede la manualidad en su condición de registro único, personal e irrepetible. La permanencia en la pintura del número como código y símbolo (nunca usado en forma aleatoria) me ha llevado a desarrollar asociaciones y repeticiones que se han ido transformando en una diversidad de patrones para este tipo de relatos cifrados. El código custodia el contenido, mientras los recursos visuales prodigan su expresión.

Currículum

Ha realizado nueve exposiciones individuales en Chile y Uruguay entre las que destacan 2015 – “Sinapsis” – Galería Patricia Ready. – Chile, 2011 –“Campos Cifrados” – Galería Patricia Ready – Chile 2009- “Ecuaciones”– Museo Nacional de Bellas Artes – Chile 2005 “El pulso de las horas”, Galería de Arte Trece – Chile.2004 “Relatos cifrados”, Del Paseo Sala de Arte y Alejandra von Hartz Fine Arts. Montevideo – Uruguay. Y colectivas en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Estados Unidos y España, obteniendo además una serie de premios y distinciones.

Actualmente, sus obras pertenecen a importantes colecciones públicas y privadas. Su trabajo se caracteriza por el uso de códigos numéricos, que generan una metáfora de relatos cotidianos del mundo actual. La pintura entendida como un oficio manual que se va construyendo a partir de la experiencia diaria, un modo de escribir sin describir, un lenguaje abstracto que revela el código siempre velado, transfiriendo el número al territorio neutro de las percepciones no determinadas, a lo que se suma la riqueza del tratamiento cromático y el proceso en que las distintas capas pictóricas van desplegando sus matices a través de una escritura móvil y sugerente.