Catalina Mena

Tanto lo efímero como lo eterno son dos polos de nuestra existencia, los que determinan nuestro estar en el mundo, nuestra conciencia de ser. Desde el acto más cotidiano, hasta el más específico pensamiento matemático está determinado por lo vital, lo inesperado, lo frágil. Intento encontrar algunas señales que me permitan no sólo esclarecer este hecho, sino más bien ponerlo en perspectiva, para así poder dar cuenta de una manera de sentir, de pensar y de estar. Tomando conciencia de esta fragilidad; percibiéndola, para desde ahí llevar al consciente nuestras necesidades y conexiones entre unos y otros, junto a la relación con todo aquello que nos rodea.

Mi investigación artística se centra en concepto de Fragilidad como cualidad de sentido de lo humano en relación a la Memoria y el Cuerpo, y de qué manera afecta a nuestras vidas. Estoy principalmente interesada en expresar las inestabilidades y contradicciones presentes en nuestro espacio más íntimo: la casa. Dado lo anterior he enfocado mi trabajo en los muebles y objetos que nos acompañan en nuestro diario vivir y en sus diferentes cargas de sentido, las cuales denotan nuestra manera de habitar y estar en el mundo. Para ello trabajo en diferentes medios como la instalación, lo objetual, el dibujo, lo textil y lo que sea necesario para articular de mejor manera mis ideas.

Durante los últimos años de trabajo he centrado mi investigación en el objeto cuchillo, como un objeto de importancia que denota nuestras ambivalencias, dado que puede ser usado como un útil instrumento de ayuda en nuestras tareas cotidianas, hasta ser una letal arma que encarna la violencia latente en nuestras vidas y relaciones. Al poder ser usado como un arma nos atribuye una posibilidad de agresión y/o defensa, y por ende de poder. Esto nos permite vislumbrar un aspecto importante de la sociedad y el ser humano en su relación con la violencia y la vulnerabilidad de los sistemas de relaciones. El hecho de que nosotros, como parte de la cultura occidental, usemos los cuchillos para compartir una comida en torno a una mesa (cabe decir que para otras culturas esto es impensable) nos evidencia que existe una violencia latente en nuestra manera de estar los unos con los otros. Así la dualidad, vida y muerte, se ve reflejada en nuestro entorno más cotidiano, para así acercarnos a la inmensidad de lo incierto.

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