CORNELIA VARGAS, LA PERFECTA GEOMETRÍA DEL COLOR.

Cornelia Vargas en Valparaíso, 2019, Fotografía: Alejandrogalvez.cl

A primera vista, su rostro amable, limpio y sereno, revela, de alguna manera, su carácter firme y temperamento decidido; y en su mirada, pese a que han pasado décadas de la fotografía que la muestra en Zúrich, en 1959, brilla la agudeza de su intelecto, de su pasión por el arte, que la ha mantenido despierta, lúcida, activa, desafiando el tiempo en una constante creación artística que no le da tregua: hablamos de Cornelia Vargas (1933). 

Nace en Alemania y en 1955 se traslada a estudiar a Ulm, Alemania, a la Hochschule für Gestaltung, donde fue alumna de Helene Nonné-Schmidt, estudiante de la Bauhaus y asistente de Paul Klee, pintor suizo-alemán, surrealista, expresionista abstracto, artista de Der Blaue Reiter (El jinete azul), grupo fundado por Wassily Kandisky y Franz Marc. Más tarde, junto a su marido, el arquitecto chileno Eduardo Vargas Herrera, trabajará en Zúrich, en el taller de Max Bill, arquitecto, diseñador, pintor y escultor suizo, miembro del grupo Abstracción-Creación

En 1960 el matrimonio se traslada a Chile, Valparaíso, donde trabajan en la construcción de viviendas y, además, la artista se desempeña como profesora de Diseño en las universidades Federico Santa María y Valparaíso. En 1975, la familia se exilia en Alemania, donde la artista realiza trabajos en diseño, fotografía, pintura, investigando el tema de los patrones, que ya la obsesionaba. Finalmente, en 1996, fallece Eduardo y la artista retorna a Chile al año siguiente. Viaja al sur, donde impartirá clases en la Universidad de Los Lagos y más tarde en la de Talca.

Su obra plástica se inscribe dentro de la tendencia abstracta denominada: Arte concreto, que desarrollarán Max Bill, Kandinsky, además de los integrantes de De Stijl (El Estilo), como: Theo Van Doesburg, Piet Mondrian, Gerrit Rietveld, entre otros, con el objetivo de la integración de las artes, de lograr una mirada y un quehacer más holístico y trasversal entorno al diseño, la plástica, la arquitectura, expresando la realidad de la época en cuanto a su espíritu y consciencia, desprendiéndose de asociaciones realistas, dando lugar a que la línea y el color tengan protagonismo por sí mismos, es decir, aplicando el color plano, tímbrico, concreto, de aplicación continua en su intensidad, sin gradaciones, además de la incorporación de la geometría y las matemáticas, como elementos artísticos.

La pintura de Cornelia es simple, bella y perfecta. Utiliza un cuadrado mágico como estructura de la obra a la que le introduce temáticas de percepción, que es lo que finalmente visualizamos. El espacio plástico es un campo que se subdivide y donde los números se transforman en cantidades de colores, que se pueden mover dentro de los módulos generando redes. Al observar las obras, generadas en 9 espacios, con 81 combinaciones, apreciamos las tensiones, los llenos y vacíos, dos sistemas que colaboran entre la suma de 15 y la de 12, a través de colores que crean zonas que pueden generar diferentes soluciones donde se expresa el movimiento, la vibración cromática, el espacio, la profundidad, lo compacto y lo disperso, entre tantas variantes.

Fue hace pocos años que su obra apareció en los circuitos artísticos: en 2014, expone individualmente en el Parque Cultural de Valparaíso; al año siguiente, el Museo Nacional de Bellas Artes la invita a ser parte de la 12a Bienal de Artes Mediales y en 2017, formó parte de “La Revolución de las Formas”, muestra colectiva realizada en el Centro Cultural Palacio La Moneda. Asimismo, a cien años de la fundación de la Bauhaus por Walter Gropius, en 2019, la artista presentó en la 14a Bienal de Artes Mediales realizada en el Centro Cultural Gabriela Mistral: “Cien es un color”, maridaje geométrico perfecto entre arte y matemáticas, que atrapan en la serenidad que produce el orden y la armonía. Finalmente, el año 2020, ganó junto a otras tres grandes exponentes chilenas: Julia Toro, Carmen Piamonte y la recientemente fallecida, Elsa Bolívar, el Premio Bank of América, que ha puesto en relieve su trabajo y trayectoria.

Hoy, a sus casi 88 años, Cornelia Vargas se muestra actual, vigente, siempre inquieta en su búsqueda de un arte integral, que es parte de su formación académica, de lo que absorbió de los grandes maestros y movimientos artísticos que nacieron en Europa, en el despertar de un siglo que amanecía convulso, como una reacción al arte tradicional, que no representaba el sentir de  las nuevas generaciones, a quienes Cézanne, ya había abierto las puertas del arte moderno cuando, elevando la línea del horizonte, dejó la realidad de lado, dejando entrar como una fresca brisa renovadora, a todos los Ismos del siglo XIX.

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